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Una reliquia sentimental del "libertador de América"

[ 4 Jul 2026 ]
 


n este día en que los Estados Unidos celebran el 250º aniversario de su independencia, resulta tentador recurrir a las grandes palabras: Independencia, Revolución, Yorktown, Washington, La Fayette, Rochambeau… Toda la Gran Historia, con mayúsculas, sables desenvainados y redobles de tambor.

Pero, a veces, la gran Historia se esconde en un libro muy pequeño.

Este cabe en la palma de la mano. Un manuscrito en formato duodécimo, modesto por su tamaño, pero extraordinario por lo que cuenta. Su título es La Santa Messa, e Preghiere. Fue redactado en 1767 por Jeanne-Thérèse d'Acosta, condesa de Rochambeau, esposa de Jean-Baptiste Donatien de Vimeur, conde de Rochambeau, el futuro comandante del cuerpo expedicionario francés enviado a América, cuya actuación junto a George Washington resultó decisiva para la victoria de Yorktown.

Nos encontramos catorce años antes de aquella batalla. Rochambeau, entonces mariscal de campo del ejército francés, aún no era, para los estadounidenses, el héroe francés de su independencia. Aquí es, sencillamente, un marido.

Y este pequeño libro es un regalo.

La condesa, que estaba aprendiendo italiano, tradujo de su puño y letra un misal y libro de oraciones. Después se lo ofreció a su esposo con una dedicatoria de una ternura conmovedora:

« A te, diletto mio Sposo, le primizie del mio studio nell'Itala favella offro de buon cuore in omagio (…). Gradisci, te ne suplico, il buon cuore della tua affezzionatissima Sposa… »

« A ti, mi querido esposo, ofrezco de todo corazón los primeros frutos de mi estudio de la lengua italiana (...) Recibe, te lo suplico, el corazón de tu esposa, tan profundamente enamorada de ti… »

¿Qué vemos aquí? Aplicación, afecto, discreción, quizá incluso una sonrisa. El volumen fue encuadernado en la época en piel de becerro, con un monograma dorado «R» estampado en el centro de ambas tapas. No como un emblema de victoria militar, sino como una delicada marca de intimidad conyugal.

Eso es precisamente lo que hace tan conmovedor este objeto. No nos muestra a Rochambeau en el campo de batalla, ni elaborando las estrategias que conducirían a la independencia de los Estados Unidos. Nos lo muestra en el ámbito privado, recibiendo de su esposa un testimonio de amor, de estudio y de fidelidad.

Los aniversarios nacionales celebran, naturalmente, los acontecimientos, las fechas, las batallas y los héroes. Pero los héroes tienen una vida antes de convertirse en estatuas. También reciben regalos, conservan libros y leen dedicatorias escritas únicamente para ellos.

Esta pequeña reliquia sentimental de uno de los libertadores de América nos recuerda que detrás de la Gran Historia siempre existe una historia más pequeña. Y es precisamente esa constelación de detalles, aparentemente secundarios, la que aporta profundidad y perspectiva al relato de los grandes acontecimientos.

¿Tiene realmente este manuscrito su lugar en una colección dedicada a la historia de los Estados Unidos?

A primera vista, nada parece vincularlo con ella. No habla de América, ni de la Guerra de Independencia, ni siquiera de Rochambeau. Es un libro de devoción, traducido al italiano por su esposa y ofrecido como prueba de afecto. Pero ¿no resulta significativo saber que el héroe de Yorktown partió hacia la guerra, al otro lado del océano, dejando atrás a una esposa que lo había amado con tanta ternura?

Si hoy apareciera un libro de oraciones regalado a George Washington por Martha Washington, un manuscrito de gramática escrito por Josefina para Napoleón, o un cuaderno doméstico que Clementine Churchill hubiera regalado a su marido, muchos de nosotros consideraríamos, sin duda, que se trata de documentos fundamentales para comprender mejor a estos grandes personajes históricos.

La cuestión queda planteada: ¿debe una colección histórica limitarse a los documentos que narran directamente los acontecimientos, o debería también acoger aquellos que iluminan a sus protagonistas desde la perspectiva de su vida privada?

Os invitamos, tanto si sois bibliófilos como libreros de antiguo o responsables de colecciones patrimoniales, a compartir vuestra opinión sobre esta cuestión.

Y si uno de estos libros inclasificables se esconde en vuestra colección, hacednos el favor de presentárnoslo. Sentimos una atracción irresistible por estas obras de múltiples facetas.
 
Tesoros y baratijas
publicado por  Julien a  14:16